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La importancia de un asesoramiento psicológico antes de pasar por quirófano

El paso por el quirófano debe ser la última opción una vez que se han intentado otras medidas efectivas como seguir una dieta equilibrada o realizar ejercicio moderado. Durante todo el proceso necesitaremos ponernos en manos de nuestro nutricionista y recibir un adecuado asesoramiento psicológico.


Rendirse, llorar o el “efecto rebote” son las consecuencias más frecuentes en las que se deriva una dieta si no existe fuerza de voluntad por parte del paciente y un seguimiento exhaustivo por parte del equipo médico. Antes de someternos a una operación de reducción de estómago, a la colocación de una banda gástrica o a una gastrectomía vertical, será necesario haber quemado otros cartuchos anteriormente. Pasar por el quirófano siempre conllevará sus riesgos, a pesar de que contásemos con los mejores profesionales. No todo el mundo está capacitado mentalmente para someterse a una operación de cirugía bariátrica ni todo el mundo posee un Índice de Masa Corporal superior a 35 por el cual sea una cuestión puramente de salud la que deba empujarle al quirófano. Es importante desarrollar un tratamiento nutricional y un asesoramiento psicológico sobre el paciente para ir percibiendo su evolución durante el proceso.

Lo primero será recurrir a nuestro endocrino, nutricionista o dietista, el cual nos invitará a que compaginásemos la práctica de ejercicio físico con el seguimiento de una dieta saludable. Muchos son los casos en los que los pacientes han probado infinidad de dietas, y a pesar de que pierden peso inicialmente, al final cerca del 90% acaba recuperando el peso perdido y en ocasiones hasta sobrepasándolo. Estos datos nos demuestran que junto al asesoramiento nutricional será necesario llevar a cabo un asesoramiento psicológico que refuerce la autoestima del paciente durante todo el proceso de adelgazamiento, evitando que llegase a “tirar la toalla” o a comer sin frenos, echando por la borda todo el esfuerzo realizado hasta entonces.

Es muy fácil decir que es cuestión de voluntad y compromiso del paciente cuando se ve desde fuera. La persona que sufre sobrepeso u obesidad encuentra en la reducción de peso un muro infranqueable y llega a pensar que no le sale rentable pasarlo mal por intentar cambiar si no va a conseguir alcanzar su objetivo. Ahí debe aparecer el asesoramiento psicológico, en esa ayuda en los momentos más débiles, demostrándole al paciente que sí será capaz de llevar a cabo la dieta, que está consiguiendo los objetivos y que debe aprender a sentirse orgulloso y a quererse a sí mismo. Siempre será muy beneficioso el hecho de ponerle al paciente unas metas que deberá ir alcanzando durante un cierto período de tiempo.

El asesoramiento psicológico pasa por fortalecer el autocontrol del individuo y a seguir su régimen alimenticio con lupa. El problema va más allá, ya que muchas personas no son capaces de distinguir sus sensaciones, es decir, de diferenciar el hambre de la saciedad o el hambre de otras sensaciones y emociones. No obstante, el trabajo del psicólogo no se queda simplemente en motivarle al cumplimiento de la dieta, sino en conocer el contexto social que rodea la vida privada del paciente; qué problemas tiene, qué le atormenta, cómo es su entorno, tiene alguien que se preocupe por él y por sus prácticas alimenticias, etc. El asesoramiento psicológico profesional es importante, pero si luego en casa y en otros ambientes el individuo no recibe apoyo y no percibe la confianza de parte de sus amigos y familiares, se acabará hundiendo en ideas negativas y volverá a comer. Muchos psicólogos recomiendan a sus pacientes escribir un diario emocional con sus debilidades diarias y los remedios que ellos mismos pondrían.

¿Qué sucede si finalmente la única solución que nos queda es el quirófano? El asesoramiento psicológico no desaparecerá, no dejaremos al paciente a la deriva. Ahora el trabajo cambiará y será cuestión de ir concienciando a la persona sobre en qué consiste la operación, qué actitud debe llevar ese día, los posibles riesgos o efectos secundarios que podría suponerle en su conducta y prácticas cotidianas, así como la dieta a seguir en los días previos. El paciente debe estar preparado psicológicamente, ya que hasta que éste no sea consciente de la necesidad de la operación y deposite su seguridad en el equipo médico y en sí mismo, será peligroso que pasase por el quirófano.

Una vez concluida la intervención quirúrgica, sería necesario continuar con el asesoramiento psicológico, conociendo de primera mano las sensaciones del paciente y viendo si realmente se muestra satisfecho con los resultados obtenidos. Aunque parezca extraño, existen personas que a pesar de la operación no acaban por sentirse orgullosos y felices por el cambio experimentado en su cuerpo. En estos casos habrá que intensificar las labores psicológicas para evitar que el paciente volviese a comer de forma descontrolada y desaprovechase los éxitos cosechados tras la operación.

La dieta a posteriori también precisará de un control meticuloso y el correspondiente asesoramiento psicológico. Es cierto que el nutricionista ocupará el papel prioritario, pero el psicólogo se encargará de la parcela emocional y de la autoestima del paciente, procurando que éste no volviese a caer en las garras de la obesidad o el sobrepeso. Ya no es cuestión de que la inversión económica en la operación sea rentable, sino de que los esfuerzos realizados anteriormente hayan merecido la pena.

 

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